La temporada de fiestas son una época de celebración, pero también un "campo de minas" para nuestra espalda. Aunque solemos asociar los excesos navideños solo con el aumento de peso o la digestión, nuestra columna vertebral sufre las consecuencias de cambios drásticos en la rutina, la alimentación y la actividad física. • Inflamación por dieta: El consumo excesivo de azúcares, harinas refinadas y alcohol aumenta los niveles de inflamación sistémica. Esto puede agravar dolores crónicos o hacer que pequeñas contracturas se vuelvan mucho más agudas. • Aumento de peso repentino: Ganar un par de kilos en poco tiempo supone una carga extra para los discos intervertebrales y las articulaciones de la zona lumbar, que no han tenido tiempo de adaptarse. • Alcohol y sueño: El alcohol altera la calidad del sueño profundo. Un cuerpo que no descansa bien no repara adecuadamente los tejidos musculares, lo que nos hace más propensos a la rigidez matutina. • Sobremesas eternas: Pasar horas sentados en sillas que no suelen ser ergonómicas (o en sofás muy blandos) rectifica la curvatura natural de la espalda, provocando el típico dolor lumbar al levantarse. • Carga de pesos: El transporte de bolsas de compras pesadas en un solo brazo o el esfuerzo de montar el árbol de Navidad (agacharse, estirarse para colocar la estrella) son causas frecuentes de lumbalgias y tirones.
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